Todo todos.

Somos especiales, más valiosos que un tesoro de incalculable valor, al igual que son especiales todos los demás seres vivos de la creación. Todos tenemos en común la esencia del universo, la energía que une nuestros átomos, el vacío que crea el marco para que podamos ser...
Todo es tan especial que parece que no lo es, que no vale nada, por la abundancia de cosas bellas que produce la Naturaleza.
Nada más abrir los ojos, al despertar la mañana, comenzamos a toparnos con todo lo especial del Universo que nos rodea. Primero topamos con nosotros mismos, con nuestra vida, con la energía que desprendemos, con nuestros latidos, con nuestra respiración, con la sensación de la temperatura sobre la piel, el tacto de las manos, las legañas pegadas en los ojos..., consciencia.
Después el mundo se abre, como un abanico, a cada paso que damos, mostrándose tal cual es, desnudo, sin mentiras, y es posible aprehender algunas verdades durante la marcha si estamos atentos, si somos conscientes de cada instante...
Todo es especial, cada ápice de existencia, cada grano de tierra, cada pétalo, cada olor, hasta el de estiércol es especial. No nos puede pasar desapercibido todo ese mundo, toda esa vida que a primeras luces parece superficial e insignificante, poco atractiva para las atenciones de los 'muy inteligentes'.
En ellas está la grandeza, en esas pequeñas cosas que conforman el todo. No podemos vivir la totalidad de la existencia si negamos cualesquiera de sus partes, aunque sea sólo un grano de arena el que obviemos.

Respuestas.

Somos consciencia, aunque no seamos conscientes de ello. Venimos de la vanidad de la creación, que no puede existir sin espectadores, y vamos, irremediablemente, hacia la culminación de nuestro destino, lo queramos o no.

El bujarrón de Toledo.

El bujarrón de Toledo era sodomita, homosexual, marica y maricón, y no me importa que las asociaciones de gays y lesbianas se escandalicen y se tiren de los pelos y me tachen de nada, mas que de aplicar el castellano como me sale de los cojones, que para eso hay libre expresión, para que cada uno se desahogue como le plazca. Como decía, el bujarrón de Toledo era, además de lo dicho, sacerdote y confesor. Podría haber sido banderillero toledano en Cádiz, pero se arriesgaba a que le hiciesen rimas malsonantes del tipo: 'Banderillero toledano, bujarrón y enano', porque lo de bujarrón no se lo quitaría nunca, ni de banderillero ni de cura; o rimas de éste otro tipo: 'Toledano, las banderillas te las metes por el ano', en el caso de no haber completado una buena faena esa tarde en la plaza, todo cabe.
El bujarra comenzó sus andaduras incluso antes de que se le pusiera dura, se le venía venir desde chico, como a un yonki que se te acerca, que sabes exactamente que te va a preguntar '¿Hey, tronko... me dejas un pavito pal metro?', pues al bujarra ya se le notaba lo que le iba a ir, más bien todo lo que le iba a llegar a entrar por detrás.
De familia pobre, la primera bicicleta que tuvo no tuvo jamás un sillín, casi parece que está dicho todo, pero faltaríamos a la verdad y éste relato sería muy soso si no añadimos que se la encontró tirada en la basura, con las ruedas pinchadas y la cadena oxidada, y que sacó para parches poniendo el culo después de las clases, y aceitó la cadena con la vaselina que le sobraba de los trabajos extra escolares, que para el 3 en 1 no había, y del sillín, ya lo mencionamos, ni se preocupó. Nunca se le sacó tanto jugo y disfrute a una bicicleta. El disfrute lo puede sacar cualquiera, los jugos sólo los que montan sin sillín. Así comenzó a disfrutar del deporte del pedaleo y se introdujo en los placeres traseros. Incrementó su gusto por el deporte y el agujero del trasero cuando le regalaron una raqueta para los Reyes Magos, cuando ya no creía en ellos. Lo que más le gustó del regalo fue el mango encintado de la raqueta, y lo que menos, el tenis.

El bujarrón de Toledo ingresó en el seminario cuando el ramalazo ya era imposible de ocultar. Sus padres, temiendo el 'qué dirán', decidieron que lo mejor para él sería la vocación sacerdotal. En esa época muchos maricones amanerados se metían a cura para que no los detuvieran por desviados, y porque vestir sotana era como llevar un vestido; y eso les encanta, digo yo, por lo menos al bujarrón de Toledo le gustaba el rollo ese.
Había leyes, no siempre escritas, que condenaban, y aún hoy lo hacen, la homosexualidad, y era verdaderamente peligroso que te cogieran con el culo al aire. Por eso no nos coge de sorpresa cuando escuchamos en las noticias que tal o cual cura, obispo o cardenal han sido pillados en actos impuros, con menores o con mayores, de igual o distinto sexo, del gremio o de la competencia, y con los pantalones bajados. Eso es 'causalidad'. Sabemos que si llenamos una habitación de escorpiones, más tarde o más temprano, acabarán picándonos, y envenenándonos.
El bujarrón era muy homosexual, pero no era gilipollas, aunque siempre se hiciera el tonto. Sabía que la sotana era el mejor escondite para que los depredadores no le descubriesen, pero también sabía que la sotana era un puesto de caza bien camuflado y oculto, desde donde poder acechar víctimas inocentes. El lobo, de pastor travestido, se paseaba entre el rebaño seleccionando lo que había que comerse. Nunca los lobos tuvieron tal abundancia, un Maná divino, llegado del cielo a fuerza de rezos y penitencias. Por eso no le costó nada al bujarrón de Toledo tomar los hábitos. De hecho allí pudo conocer a muchos otros como él, ¡Somos legión!, se dirán triunfantes unos a otros en el más absoluto anonimato, No vaya a ser que nos pillen y nos echen a la hoguera vivos, desnudos, como hacían con las brujas, como tenían que haber hecho con Torquemada, y con los Papas, que prohiben todo lo que más nos gusta...
Al bujarrón jamás le pillaron in fraganti, en pleno acto del acto 'sodomitae', es jerga clerical. De cara a la galería supo crearse una careta de inmaculada perfección, muchos feligreses veían en él un ejemplo y pensaban que altos cargos y nobles destinos aguardaban a éste bujarrón irremediable. Sin remedio se equivocarían todos, aunque ellos jamás lo sabrán.
Nadie se llega a enterar nunca de la verdad de lo que ocurre de puertas adentro. La institución de la Iglesia siempre ha sabido callar y esconder lo que no interesa a sus intereses mundanos que se sepa; intereses siempre dudosos.
Todo son conjeturas, divagaciones, falsas opiniones, como lo son todas. Todo está envuelto por un halo misterioso, hay mucho secretismo, murmullos al oído, conjuras tras conjuras hasta la culminación del astuto plan. Por eso los depravados, los retorcidos, pueden llegar lejos, tan alto en el escalafón. Están acostumbrados a mentir y a engañar, es el pan de cada día. Los escándalos no benefician a nadie. Siempre hay una forma de arreglar las cosas que beneficie a ambas partes, o a más partes si fue orgía desenfrenada, bacanales romanas, al fin y al cabo.
Amén.

Solo hay un mundo.


Abuelos que se mueren sólos en sus casas, hijos que sólo viven para ellos, niños abandonados por sus madres, bebés en contenedores de basura, analfabetismo, sacerdotes que violan a sus feligreses más jóvenes, padres que pegan a las madres, desempleados que trabajan, expertos en el paro por tener cincuenta y tantos, estafadores de millones, estafadores de barrio, vendedores de mierdas envueltas para regalo, marionetas sin vida propia, arrastrados, serpientes y vívoras, tertulianos basura, barriobajeras incultas, sinvergüenzas y maleantes, gente mala, enfermos de mente...

Todo ésto y más hay en nuestro primer mundo, lo mismo que en el tercero e igual que en el segundo.

El tercer mundo es sólo una ilusión, una virtualidad y además un eufemismo que se utiliza muy a menudo en tono peyorativo. El tercer mundo no está tan lejos como pensamos. Dentro de cada ciudad, dentro de cada pueblo o aldea hay siempre un tercer mundo. Cualquier vendedor de libros a domicilio podría corroborarlo. Pregunten tambien a los médicos o enfermeros que visitan a los enfermos en sus casas. La miseria, la pobreza extrema, no solamente está en África, o e la India, también está en Madrid, o en Toledo.
Muchas veces me tengo que reír, y posteriormente compadecerme, de los que se enorgullecen de vivir como reyes en un país del primer mundo, como éste mismo, como podría haber sido otro cualquiera, un país avanzado, capitalista, donde uno puede, si se lo propone, alcanzar el éxito. Y se da el caso que siempre el éxito de uno es la ruina de muchos. Recordemos lo que dijo Almeida Garret:
'Y yo pregunto a los economistas, si han calculado el número de individuos que es necesario condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infancia, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico'

Querer alcanzar el éxito, de cara a la galería, es destructivo, infructuoso. Más nos valdría pegarnos un tiro y terminar de una vez con todo. El suicidio de uno puede ser la vida de muchos, sobre todo si el que se pega el tiro es un rico avaro. Los ricos solo saben hacer dinero. No saben gastarlo, ni saben sobrevivir solos, sin gente que les haga y halague. No durarán mucho el día que una catástrofe nos asole. Ese día se verá que los que mas valor tienen son los que saben trabajar con sus manos, los que ahora son curritos, los subordinados, los últimos en la cadena, los que trabajaban duro para producir un rico, los que están en el tajo sufriendo y sacando adelante el país éste, el del primer mundo.



Un acto heróico.

No hay más que vanidad en todos los actos humanos, no hay más que mentira y difamación, opiniones burdas, hasta las más ilustres. No hay sentido, no hay propósito, todo está carente de dirección, todo adolece de fallas, todo es fallar y errar, errar y volver a fallar. Como cabezas de martillos vamos dándonos contra los yunques que nos salen al ruedo. Al limitado mirar se le suma la vergüenza y la mezquindad, la subyugación de la mente a través de flagelos y flagelos que han ido minando la escasa, ya de por sí, inteligencia humana.
Qué de libros escritos, muchos de ellos concienzudamente pensados. Al tiempo sale otro volumen que rebate más concienzudamente lo que había rebatido muy concienzudamente el autor concienzudo primero, y así sucesivamente. Lo mismo pasa con los records olímpicos, con las competiciones nacionales, con las marcas regionales, y también pasaba con los campeonatos de chapas de mi barrio. Siempre viene alguien que es más guapo y más listo que tú, me diría Darwin si hubiese sido mi padre. Mi hijo me diría, Diyievoluciona papá, no seas un pokemon del montón, o algo así.
Con las corrientes de pensamientos corrientes hay que bregar a diario en este mar agitado y oleoso que mezcla todo en sus tripas; lo divino con lo humano, la velocidad con el tocino, el Baileys con la tónica...
De qué ha servido, para qué sirve que te desgañites, que te dejes los dedos en las teclas, los ojos en los libros, las orejas entre los muslos de una cualquiera... ¿De que nos vale todo?, ¿para qué vale nada?.
Seguimos, cual borregos al pastor, como idiotas, cualquier vaga idea sin pensar demasiado, peleando como imbéciles por imbecilidades que ni siquiera nos atañen.
Hay cosas que no pueden pasarse por alto, hasta el Papa y el Dalai Lama cagan, de ésto parece no querer darse cuenta nadie. Qué coño es la salvación si estamos ya viviendo en el infierno, como poco en el purgatorio, pero no en ningún cielo. Por qué no lo estamos ya, cuando afirmamos que sabemos tanto, que vamos a la vanguardia en la evolución y el desarrollo, que somos la pera de la limonera... Ya hemos sido juzgados.
Bla, bla, bla, mucha palabrería, muchos discursos, unos duros, otros lentos, muchos violentos, y pocos con una pizca de asomo de intelecto, de ese, del bueno, que parece ser que lo desconocemos. Y al final todo será para nada, todo quedará en borrajas, con un día que pase y salga de nuevo el Sol, todo lo dicho, todo lo anunciado quedará en nada. Todo habrá sido una ilusión, seguiremos a nuestra condena, que es la rutina, seguiremos cagando, como el Papa y como el Dalai Lama, a la misma hora, más o menos; yo lo suelo hacer tras el café de la mañana, son otras rutinas, adquiridas a base de repetirlas una y otra vez desde la infancia. Dichosos aquellos que son capaces de dominar sus esfínteres a placer y tiempo, porque jamás llevarán palominos en los gayumbos.
Iremos hacia donde la animalidad nos lleve, una y otra vez, siempre en manada, siempre dependientes, siempre obligados por la voz de la necesidad y la llamada de la naturaleza. La vida se reduce a eso y, entre medias, hacemos con que pensamos, con que amamos, con que... leemos, qué más da, ya he dicho que no sirve de nada el desgañitamiento, ni la saturación por repetición, ni los petardos en el culo.
Lo que vale no lo sé, ni lo sabe nadie, en eso nos podemos comparar todos, los más listos, que son los tontos, y los tontos, que son los listos. Así anda todo, confundido, revuelto. No hay orden ni Dios que lo ponga. Por eso está el libre albedrío tan desordenado, tan perdido por entre el montón de otras cosas, que no sabemos dónde empieza la libertad del otro, ni la nuestra donde acabará, y hay muchos que ni siquiera creen tener libertad, en oposición a los que creen tenerla y que son los más esclavos.
Estando mis cojones calientes..., piensan los que pueden éstos dichos pensar, y los pobres e ignorantes los imitan alrededor de un bidón encendido, alimentado con la basura de aquellos que pueden, porque tienen sobras, tirar la basura.
A veces, entre los escombros, florece alguna planta, tímida, sola, rodeada de nada. Pero acaba siendo pisoteada, o secada por el Sol, o arrancada por la curiosidad infantil, y entonces la normalidad gris vuelve a cubrirlo todo, para que no quede rastro de atonía, para que todo vuelva a la monotonía, al ritmo unísono, cual marcha militar hacia la decadente oscuridad del amorcillamiento cerebral, a la neblina pantanosa que cruza el entrecejo desde que despertamos hasta que caemos derrotados en el lecho.
Salvemos a Wily, y al Fog, y a Chiquito de la Calzada, y al Papa, al Dalai Lama y también a San Roque, y, por qué no, a su perro sin rabo, salvemos al mundo de su cagalera, y de los Ramones Rodriguez, salvémonos todos de ésta diarrea mandándolo todo a hacer puñetas, o, por aproximación lingüística y física, a tomar por culo, será por maneras.
Todo a la basura, todas las ideas, todas las filosofías, todas las patrañas que nos obligaron a estudiar en la escuela y que no nos sirvieron mas que para toser y escupir mientras intentábamos tragarlas, todo a la mierda.
Sólo después se sabrá lo que ocurrirá a continuación...