miércoles, 15 de junio de 2005

Tiempo muerto



Mortimer estaba tumbado en la cama, mirando hacia el techo blanco, vestido, sin los zapatos y las manos agarrándose la nuca.
Tenía la música puesta, estaba escuchando "Autumn leaves", de Miles Davis.
El sonido que salía por aquella trompeta era delicioso, embriagador, como un perfume caro. Mortimer se dejaba llevar por el momento. Surfeaba sobre las notas de ese río de sonido. En ese instante no existía otra cosa. Sólo su mente borracha de notas musicales, de ritmo y compases armónicos.
Todo estaba perfectamente. La música era apropiada, el ritmo constante...; qué más se podía pedir.

"Si sólo en escuchar música consistiese la vida, ésta sería perfecta".

Esta frase pasó sutilmente por la cabeza de Mortimer, por algún hueco sin vigilancia. Se la dijo Alma, su mujer, el día que le regaló el disco.
Y de ese pensamiento, como si se tratase de la punta de un hilo, fue de donde comenzó a tirar Mortimer para intentar no desenrrollar el ovillo.
El fluir del pensamiento era muy dificil controlarlo. Mortimer se hizo cargo. Tenía que dejar la mente quieta. Era necesario. A estas alturas de su existencia ya tenía claro ciertos mecanismos de la mente humana, de la suya. Y sabía, por experiencia propia, lo futíl y vano que resulta seguir los dictados de esa maraña de pensamientos que constantemente van desfilando por el punto de mira de nuestra atención distraída u obnubilada. Sabía que si no tiraba a tiempo de las riendas podría acabar destrozado, en la cuneta tirado. Pisoteado por la bestia que todos llevamos dentro. Por ese bicho malo que hace que nos martiricemos y nos hagamos daño, o que se nos desborden las ansias de placeres y agasajos. Por eso Mortimer decidió no darse tregua hacía ya bastantes años. Desde el accidente de tráfico...
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Mortimer llegaba tarde a una reunión importante. Tenía que dejar en el trabajo a Alma y en el colegio a su hija Sofía, de ocho años. Estaban en su automóvil, escuchando un disco de blues, parados en un semáforo. La niebla era espesa aquella fría mañana de Noviembre.

Mortimer era director ejecutivo de una empresa de creativos. Se dedicaban a darle la vuelta a la tortilla para hacer parecer bueno, bonito y barato los productos que después se vendían como churros en los supermercados. En pocas palabras, se dedicaba a la publicidad, a vender ideas a los borregos que se las creen, a influir en la manera de pensar de las mentes indefensas de los niños, a aprovecharse de los miedos y temores de las gentes. Se dedicaba a comerciar con los sueños de los ignorantes.
Mortimer lo sabía. Ese era su cancer. Se sabía manipulador y mentiroso, despiadado en los negocios.
A cambio de vender su alma al diablo recibió todo el oro que hace falta para que jamás te falte de nada. Mortimer tenía todo lo que se puede comprar con dinero. Pero su conciencia de sí mismo cada día le lastraba más y más. El jamás pretendió ser como en lo que se había convertido, en un tiburón de despacho enmoquetado, en un salvaje capaz de vender si hiciera falta a su madre.

Mortimer miró nervioso el reloj, metió primera y se saltó el semáforo del cruce. Por la izquierda vino un camión enorme. Mortimer no lo vió. El choque fue inminente. El camionero frenó de golpe, pero llevaba el remolque cargado hasta arriba y los frenos no pudieron con tanto peso. Se llevó por delante el coche arrastrandolo cincuenta metros.
Mortimer quedó inconsciente. Su mujer y la niña murieron en el acto.
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...La canción de Miles Davis que duraba 10:58 minutos terminó. Había conseguido dejar la mente en calma todo ese tiempo sin que los oscuros pensamientos del pasado le estropearan el mágico momento presente.
Mortimer se levantó de la cama, volvió a poner a sonar el disco de blues que su mujer le regaló en el último cumpleaños que estuvieron juntos y encendió un cigarro. Se fué hacia la estantería donde guardaba el album de fotos y lo cogió.
Se quedó toda la noche mirando fotografías y recordando momentos felices. De vez en cuando le caía alguna lágrima; pero no eran de pena, sino de alegría.


Gracias a Unsologato por la bella imagen neblinosa.

8 comentarios:

unsologato dijo...

La música, sí, la música, la vida podría consistir en eso y nada más que eso. Pero también hay que hacer el amor y escribir algunas cosas de vez en cuando... algún buen relato como este para compensar a Mortimer por las dedichas de esta vida.

Honor felino que la foto le haya ido al texto. Lleve cuando quiera alguna otra.

Abrazo felino vivace!!!

Cristal dijo...

¡Si, que arduo domar esta habladora, un trabajo constante de una existencia entera!
Bellísimo escrito.
Un abrazo

El caminante dijo...

Muchas veces haces una pausa en el camino y sientes que la vida se te escapa, y llega la muerte, (que es mujer y se enamora de ti). Yo espero encontrarla escuchando Holding Back the years.. Saludos

oscura dijo...

Aveces la muerte no tiene mala cara.

El Enigma dijo...

Cuando la muerte llega asi, lo menos es tener buena cara, pero lo puees tomar con filosofia.

El Enigma
Nox atra cava circumvolat umbra

buena memoria dijo...

¡Qué bien! Está muy bueno tu blog. Tienes mi voto.
Saludos. Seguiré leyéndote.

Calamity dijo...

Yo también estoy al tanto de tus escritos... No me pierdo uno y eso que en el trabajo me tienen en la mira y en casa Internet no ha querido hoy funcionar en todo el día...

Preciosa canción de Miles Davis. Una de mis preferidas entre todas. Pero, piensa una cosa ¿te imaginas peor infierno que estar escuchando continuamente canciones de Bisbal, las del Aserejé, Regetón y barbaridades varias de ese estilo? Un horror. Yo siempre digo que la música es el motor de mi vida, pero la música buena.

Cari y nos dejas muy mal a los que nos dedicamos a la publicidad (aunque no dejas de tener algo de razón, que conste. De todo hay por estas latitudes). Un besote.

Magda de los devastados dijo...

Gracias por tu visita Ecce, te vengo a ver más seguido. Un saludo blogger.

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