viernes, 10 de noviembre de 2006

Hola Mundo.

Hola Mundo.
Soy tu hijo, formo parte indisoluble de tí, de tus recónditas entrañas.
Las fuerzas invisibles de la Naturaleza nos unen de por vida, dotándonos de una esencial energía que nos hace ser más allá del tiempo y el espacio.
Soy el Todo dentro de un Todo, tu eco sordo del que sólo distinguen sus idas y venidas.
El oleaje interno, que provocan las mareas de pensamientos disfrazados de contradicción dentro de la mente, se filtra a través de los poros rezumando vida, que absorberá la sedienta tierra, gota a gota, poco a poco, hasta que, saciada por empapamiento, estalle desde dentro en soplos de lucidez fresca, desempañando así los cristales tras los cuales la mente inmortal mira al Mundo, se relaciona con él y lo reinterpreta.

Dedicado al futuro por venir, al pasado trascendental, a los difuntos olvidados, a los demás, a mí mismo y al subnormal que llevamos dentro, a los hijos, a las madres y a las señoras esposas que nos esperan con un beso (o un palo) tras la puerta cuando regresamos de trabajar (o del bar).

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