sábado, 3 de marzo de 2007

La mirada.


Un hijo te sonríe de ésta manera y todas las preguntas obtienen respuesta, todos los sufrimientos de la vida se evaporan, al igual que el cansancio de la obra y lo de tender la ropa después de fregar el baño.
La sinceridad con que un hijo muestra su felicidad sin tapujos sólo es comparable al amor que le tienen sus padres. Un amor que va más allá de todo lo demás que habitualmente nos ocupa las mentes. Un amor sincero.
El amor verdadero se reconoce nada más verlo, nada mas sentirlo, nada más escucharlo, nada más olerlo. Porque el amor verdadero nos conquista por todos nuestros sentidos. No hay armas que valgan, el amor verdadero te deja desarmado, te abre los brazos y te empuja a responder con besos y abrazos, con caricias y palabras de "te quiero" para arriba.

1 comentario:

unsologato dijo...

saludazo felinazo che!!!

y viva el amor!!!

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