domingo, 1 de abril de 2007

¿Por qué tú y yo no somos iguales?


Porque no me vanaglorio de mis obras ni de mis actos.
Porque miro al cielo de vez en cuando, y me veo tan pequeño.
Porque practico la empatía cada vez que nos cruzamos y te trato como a mí me gustaría que me tratases.
Porque no me quiero aprovechar, porque me hace más capaz el ganármelo con el sudor de mi frente.
Porque soy libre en mi pensar, y mi pensar es infinito y está abierto a los que se dejan abrazar.
Porque no veo ningún problema que no se pueda resolver, ni obstáculo superar, ni creo que esté todo perdido.
Porque he elegido un camino que está mas allá del bien y del mal, en las antípodas de lo cotidiano y mundano y, sin embargo, tan cerca del día a día que pisan nuestros gastados zapatos.
Porque por doquier he denunciado tantos errores, tantos parches, tantas rectificaciones, y he ofrecido tantas soluciones factibles que después han sido desechadas y despreciadas sólo por la ignorante tozudez del que tiene el mando.
Porque mi filosofía se suntenta sobre sabios pilares y la tuya es inestable; tal vez porque sea prestada y acomodaticia y no original, no pensada, no sudada.
Porque lo primero que me viene a la cabeza cuando pienso en la riqueza no es el dinero, ni el poder, ni nada material.
Porque lo que a mí me viene a las mentes cuando pienso en la riqueza es alegría, conocimiento, sabiduría, libertad de pensamiento y conciencia tranquila, para disfrutar de lo que me ofrece la vida en cada etapa, en cada momento; disfrutar de mis hijos, de mi trabajo, de las visitas, de los paseos, de las conversaciones inteligentes que tienen las buenas personas que se respetan o se quieren.
Porque creo en tus posibilidades...


1 comentario:

Mónica Valentina dijo...

Tienes una candidez exquisitta

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