viernes, 1 de junio de 2007

Traga-perras.

Eran las diez de la mañana. Lola Luden entró en el bar y pidió un café al camarero. Sacó de su gran bolso el monedero y pagó con un billete de cincuenta pavos de los siete u ocho que llevaba. El camarero le entregó el cambio y Lola Luden, con el cigarro ya encendido entre los labios, vertió el azucarillo en el vaso, lo removió y le pegó un largo trago, luego otro y del tercero se acabó de tomar el café. Recogió del platillo las vueltas y se acercó a la máquina de juego.


Mórtimer estaba cortándose las uñas de los pies en el sofá de su casa frente a la televisión encendida. En el telediario estaban dando una noticia:

"Otro caso de violencia doméstica salpica hoy nuestras pantallas, en un barrio humilde de ésta comunidad un hombre ha matado a su mujer por jugar a las máquinas tragaperras y perderlo todo y después de matar a la mujer se ha suicidado. La mujer había estado jugando durante más de siete horas y había perdido más de 500 €, según cuentan testigos presenciales.
Y pasamos a otra cosa. Una perrita abandonada, de una localidad extranjera, al fin ha encontrado quien la adopte y bla, bla, bla..."

Mórtimer apagó la maldita televisión y se cagó en la puta madre que parió a las grietas de ésta maldita sociedad tan mal construída, tan mal administrada, tan mal dirigida y organizada, tan sin sentido y cruel, además de violenta y devoradora de hombres, mujeres y niños.

3 comentarios:

Radikal dijo...

La historia es cierta cierta?

ecce homo dijo...

¿Qué es en realidad la certeza?, es más, ¿qué es la realidad?.
Muchos han escrito sobre lo ocurrido. Lo ocurrido ha podido ser escrito antes por otro. Otro que escribía de lo que había ocurrido mucho antes...
Que más da que sea real, imaginado, soñado o fruto de eso que llamamos premonición, lo relatado es lo que interesa, la idea intrínseca y las ideas subyacentes que surgen tras la asimilación.
Espero haberte respondido.

jinquer dijo...

OTRA SALIDA (Y esta vez, con bares por molinos)



Soy camarero, llevo más de 20 años en el oficio, he gastado muchos zapatos, tantos, que he empezado a caminar en los zapatos de otros, y eso me ha conducido, como rueda de carro sigue a pezuña de buey a esta feliz relajación, tan merecida y grata que despunta sus palabras vanidosas, imitando la voz silenciosa, para alterarme, pero dejo correr su petulancia, que es hoja de árbol caduco asomado al tranquilo río de agosto.


Caminar con zapatos de otros es amar a la parroquia, ser confidente, dar gritos al aire o palmadas al hombro; es descubrir gente todos los días: unos se quedarán un rato, unas semanas o muchos años; otros partirán invisibles, lacónicos y el capítulo aparte de los borrachos...............

Los borrachos me enseñaron que no quieren olvidar, lo que ellos buscan es recordar, recordar donde equivocaron el camino, un camino que nunca soñaron tan ciego, tan ciego que es incapaz de ver sus pasos en el abismo, y tan sordo que no puede oír los desesperados gritos de una voluntad sin manos.
Esta equivocación del camino, tan patente en los borrachos, pasa disimulada entre la gran mayoría de perdedores del camino.
Pocos son los que reciben a la muerte con la calmada sonrisa de satisfacción en la misión cumplida. A casi todos nos encuentra la muerte, como al sirviente en el viejo cuento de Samarcanda, demasiado lejos; por eso, la mueca de asombro de la muerte nos parece intención de asustarnos y nuestra búsqueda de salida es tan numantina como la res que salta al tendido.


Hace más de 30 años, cuando la libertad nos trajo las máquinas tragaperras, bueno, la libertad, la democracia, la avaricia de las arcas del Estado, o los trileros oportunistas de la codicia, (de la codicia ajena se sobreentiende) o quien sabe qué,- qué sabe quién- nos pareció una diversión con el encanto de la novedad y el riesgo de una timba antes de cenar.
Nosotros, los camareros, controlábamos el juego de los otros y a puerta cerrada, al final del día, pocas veces no rentabilizábamos nuestras pequeñas inversiones.
Pero la evolución de las máquinas tragaperras empezó a darnos sustos primero y perdidas después, hasta encaminarnos a abandonar aquellas inversiones que al final, tantas pérdidas económicas nos ocasionaron.

No fue la pérdida monetaria lo que hoy me causa desazón sino la evolución que sufrí, (sufrimos los camareros) convirtiéndome en soldado sin soldada, abogado de la codicia, incitando a unos y a otros para qué llenaran las máquinas, vaciaran sus bolsillos, hacerlos adictos al juego, al timo que nosotros fomentábamos.
Así perdí el camino y me convertí en lo que nunca hubiera querido ser, para solo conseguir la pérdida nocturna de sueño tranquilo y la sonrisa desde el corazón, para encontrarla en la boca, el lugar necesario para ser agradable a los demás, pero desde donde con más angustia de obsesión desconocida transcurría mi existencia.

Un día sin fecha dejé de interesarme por las tragaperras, ya no sabía si se había jugado poco, nada, o mucho, solo cuando el cambio se agotaba y era menester llamar al suministro de monedas
(no me cabe el resto)

http://hueleadespertar.blogspot.com/2011/09/otra-salida-y-esta-vez-con-bares-por.html

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