jueves, 6 de diciembre de 2007

¡ESPARTANOS!

Un ser despreciable se ha cruzado en mi camino. Ha intentado arruinar mi destino con chanzas y descréditos, con blasfemias inventadas, con zancadillas y poniendo obstáculos por donde debo pasar tarde o temprano.
¡ESPARTANOS!
Un ser envidioso, con el alma sucia por el alcohol y las putas, con la lengua ennegrecida por el cáncer de la mentira, campa a sus anchas por donde caminan los justos, tiranizando lo que es más débil que él, alardeando de lo que no es ni será jamás.
¡ESPARTANOS!
Seres así me la ponen dura. Éstos renegados, éstos vagos y maleantes, éstos chupadores de energía son los que ponen a prueba mi fortaleza. Todo mi empeño es acabar con ellos. Hacer que esta lacra desaparezca de la faz de la tierra es mi misión en ésta vida.
¡ESPARTANOS!
A degüello con ellos. Que no quede ni uno solo.
Ante ellos solo cabe la denuncia, hacerles frente. Porque en el fondo solo son pequeñas alimañas que deben ser pisoteadas sin el menor escrúpulo.
¡ESPARTANOS!
Y si vienen, arrepentidos, buscando misericordia, mayor ha de ser su castigo y mucho más doloroso su final. Que sufran con creces lo que ellos hicieron sufrir gratuitamente a los mansos.
¡ESPARTANOS!
La batalla está en pleno auge, en su apogeo. Se acabaron las relaciones diplomáticas. El diálogo solo lía más la madeja.
No hay sitio para ellos, sólo ataudes y olvido.

¡Hasta la muerte ESPARTANOS!.


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