lunes, 21 de enero de 2008

Ojos nuevos para el viejo ciego.

Libre, por fin, de las ataduras que subyugan la libertad de mi vuelo, vuelvo con renovadas fuerzas, con renovado espíritu a la batalla, a esta batalla eterna, que se libra en ésta tierra nuestra, que a todos nos tiene en vilo, pendientes de un hilo.
Las tormentas pasan y tras de sí dejan el suelo fértil, preparado para la siembra, húmedo y caliente, deseoso de recibir en su seno las fértiles semillas que éste año han creído ser seleccionadas con más celo que el anterior.
El subsuelo se extingue, las alcantarillas no hieden y ratas y cucarachas hacen las maletas porque aquí ya no tienen donde caerse muertas.
La esperanza se renueva con cada siembra cada año. Todo son promesas de tiempos abundantes, de recolecta rica y selecta. La miel corre por las comisuras de los labios y los paladares se deleitan como nunca. Todo es primavera, risas y revolcones por la hierba.
Es el momento del carpe diem, también del memento mori, de recoger los frutos del nosce te ipsum.


1 comentario:

3vairado dijo...

sembrando, cuidando de las plantas, recolectando, o mirandolas,en más.... carpe diem, carpe diem.

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