domingo, 23 de noviembre de 2008

Drama.

Como decía Ortega: "sólo hay drama cuando no se sabe lo que va a pasar", y eso es precisamente lo que va a pasar, un drama, ya que el que escribe ésto acaba de finalizar la prestación del paro y no encuentra trabajo ni debajo de las piedras.
Pero lo que va a pasar no es tan difícil de adivinar, pues ya les está pasando a muchas familias españolas. No hay más que encender el televisor para verlo. Probablemente habrá que empezar a dejar de pagar algunas cosas que hasta ahora parecían necesarias pero que en adelante pasan a ser superfluas, y por lo tanto innecesarias, prescindibles, como la comunidad, o el teléfono, o el cole de los nenes, o la linea de Internet (éste puede ser uno de mis últimos post en mucho tiempo). Poco a poco las reservas se irán agotando y, de durar esta crisis lo necesario, llegaremos a saborear la amarga indigencia; a pedir para comer, a rebuscar en los cubos de basura, a peregrinar sin descanso en busca de los despojos que le sobran a la sociedad. Estamos al borde del precipicio que separa la decencia de la decadencia.

"Sólo me es seguro lo inseguro e incierto. No hay adquisición humana que sea firme. Aun lo que nos parezca más logrado y consolidado puede desaparecer en pocas generaciones. Eso que llamamos "civilización" -todas esas comodidades físicas y morales, todos esos descansos, todos esos cobijos, todas esas virtudes y disciplinas habitualizadas ya, con que solemos contar y que en efecto constituyen un repertorio o sistema de seguridades que el hombre se fabricó como una balsa, en el naufragio inicial que es siempre el vivir-, todas esas seguridades son seguridades inseguras que en un dos por tres, al menor descuido, escapan entre las manos de los hombres y se desvanecen como fantasmas". Ortega y Gasset.

Siempre queda la esperanza...

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