viernes, 7 de noviembre de 2008

El hombre negro.

El hombre negro sonreía. Su sonrisa parecía fresca y sincera y sus enormes dientes blancos deslumbraron a Mortimer. El hombre negro avanzó hasta donde se encontraba Mortimer sin dejar de sonreír en ningún momento. Le tendió la mano e inconscientemente Mortimer se la estrechó con firmeza.
-¿Qué me traes?-, preguntó Mortimer.
-Tengo maría-, dijo el hombre negro.
-Yo ya tengo camello.
-Deberías probar la mía.
-¿Por qué?-, preguntó Mortimer.
-Porque el cambio es para mejor.
-Pues hazte uno y convénceme-, dijo inteligentemente Mortimer.
-No tengo papel-, objetó tristemente el hombre negro.
-Yo tengo-, dijo Mortimer sacando un rollo de papel tamaño cocina.
-¡Hostias!-, dijo el hombre negro, y añadió: -tú no te andas con tonterías.
-En cosa de papeles no puede uno descuidarse, ya se sabe, si pierdes los papeles...- sentenció Mortimer mientras cortaba dos buenos trozos del rollo.
El hombre negro, percatándose de que Mortimer había cortado dos trozos de papel, preguntó: -¿Me curro un dos papeles o nos hacemos uno cada uno?.
A lo cual Mortimer respondió: -¿Es marihuana africana o es marihuana americana?
-Cosecha propia-, respondió el hombre negro abriendo el frodo-bolson que llevaba al cinto.
Un aroma intenso se elevó de la bolsa inundándolo todo.
-Bueno, yo siempre digo que es mejor dos pequeños que uno grande.
El hombre negro se puso a liarlos, hábilmente, uno con cada mano. En un momento ya los tenía hechos. Encendió uno y se lo pasó a Mortimer tras darle las tres primeras caladas. Mortimer dio una calada larga y profunda. Expiró el humo blanco y todo quedó lleno de él. Parecía que estuviera en Londres, en una noche de niebla espesa.
-Cojonudo macho, está de vicio-, dijo Mortimer al apreciar aquel nuevo y maravilloso sabor.
-¡Por el cambio!-, brindó el hombre negro mientras se encendía el otro.
-¡Viva el cambio!-, contestó Mortimer dando una nueva calada.

El teléfono sonó justo antes de que el efecto de la marihuana comenzase a notarse. Mortimer se despertó de un salto del sofá donde se había quedado dormido mientras seguía el informativo especial sobre las elecciones americanas.
-¡Mierda!, el puto teléfono siempre me tiene que despertar en el momento clave, justo cuando iba a saborear el cambio. Este sueño ha sido un aviso. Habrá que cambiar de camello.


2 comentarios:

Rafa MJ dijo...

El cambio sería dejar la marihuana. Cambiar de camello no cambia las cosas.

Anónimo dijo...

ni caso al rafa. Te as currado una historia de los mas guapa. Sigue asi tio.

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