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domingo, 1 de febrero de 2009

Coctel. (Ejercicio lingüístico)

Hoy me apetecía poner algún pintoresco personaje en alguna pintoresca circunstancia de algún pintoresco lugar para meterlo en alguna aventurilla que se me pudiese ocurrir, pero la imaginación de la que la Naturaleza me ha dotado está estancada, atascada como un vehículo al ralentí en una 'operacón llegada' tras el puente de semana santa, sin manera de ir hacia adelante ni de retroceder. La única vía de escape que veo es hacia arriba, hacia la verticalidad, singular solución que ignorada quedaba en el cajón de las salidas. Por lo tanto demos alas a la imaginación y dejémosla volar a su libre albedrío. Pronto estaremos en otros parajes, parecidos a éstos que ahora pisamos o diferentes a cuanto hayamos visto u oído. Porque todo acontecerá a su debido tiempo y según el capricho, ese que también decide el rumbo de los vientos y el batir de las olas, afirmación ésta aventurada y temeraria hecha por un neófito en materias ventosas y ondulosas que de seguro puede ser rebatida por algún estudiante de ciencias físicas o meteorológicas mínimamente avezado, porque, para ser sinceros, por lo menos yo conmigo, no tengo constancia alguna del emparejamiento que acabo de realizar, recordemos para los menos atentos que eran, por un lado, el capricho y, de otro, el rumbo de los vientos junto con el batir de las olas, éstos últimos sí que tienen que ver el uno con el otro, lo que no queda claro es que el capricho aporte algo al dúo viento-ola, que abreviando queda vientola, y, ¡fíjate!, abreviando es como vienen al mundo de las letras muchas palabras nuevas, como ahora se acaba de ver y demostrar. Ahora, cada vez que vea las olas elevándose por la accion del viento diré que he visto una vientola, que después podré sazonar adjetivándola según sea ésta, por ejemplo, la vientola era acojonante, o vaya puta mierda de vientola de los cojones, no quiero extenderme, habría muchas posibilidades descriptivas de la vientola, dos personas que viesen la misma vientola no darían la misma descripción de ella, cada uno matizaría diferentemente el mismo suceso, cada cual lo expondría según su educación, según su ralea, y solo si tuvieran que explicar a un tercero lo que habían visto se pondrían de acuerdo sólo para no andar discutiendo. Lo que no es menos cierto es que el puñetero capricho nos ha dejado en un paraje totalmente diferente al antecedente en el relato éste. La de vueltas y revueltas que traginan las mentes se escapa a nuestro entendimiento. La nueva paternidad lingüística acaba de definir un antes y un ahora, igual que marca un palo una raya en la tierra blanda para delimitar dos partes de un mismo campo, un logro conquistado a fuerza de tozudez descriptiva. Qué, si no, pudiera ser éste insistente aporreo tecleril que es impulsado por no sé qué mecanismo malévolo que me tiene aquí esclavo, contándoles a todos ustedes, gente paciente, relatándoles no sé tampoco qué sucesos imaginados que comienzan con una sencilla, en apariencia, apetencia y van declinando, cuesta abajo y sin freno, hacia una locura ecléctica sin pies ni cabeza, como el ginete ese del cuento, que nos lleva a afirmar, sin asomo de vergüenza, que hemos sido padres, creador de palabra nueva, sin haber estudiado las letras en el noble estamento educativo que es la universidad. No tengo título que acune a mí bebé gramático, pero qué puedo hacer. Y es que siempre los comienzos suelen nacer de una noble y buena intención, como es éste caso, que lo único que perseguía era crear un relato sencillo, sin más aspiraciones que hacer pasar un buen rato a ustedes, pero los trayectos no siempre están exentos de baches, de señales que nos desvían del camino, de barreras cerradas que nos obligan a decidir rutas alternativas si no podemos pagar el peaje requerido, también hay que contar con las prohibiciones que nos limitan, con las largas colas que nos frenan por delante y por detrás y, como no, hay que tener presente que no tenemos todo el tiempo del mundo. Con todo eso en la coctelera hemos llegado hasta aquí, y aquí, aquí mismo, llegamos al fin.

PD: Por favor, diviértanse, no se crean nada, siempre hay algo que decir.

3 comentarios:

Malalua dijo...

Has sacado un sobresaliente en el ejercicio. ¿Qué más da si no salen personajes y una historia? Con esto te basta y sobra. Muy buena lección me has dado.

Besos.

ecce hommo dijo...

No se como corresponder a tantos alagos porque no creo merecerlos.
El verdadero personaje siempre es el que escribe y acerca de él sabemos un rato. Solo hay que dejarse llevar y ya está.
Esta vez no tecobraré por la lección...jeje.
Que virtual es recibir besos por internet, nunca sabrán igual que los reales, pero me haré a la fría idea e imaginaré que unas pocas mariposas me acarician con sus alas iridiscentes las mejillas...
Mas besos para tí Dulcelua.

Anónimo dijo...

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