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miércoles, 17 de junio de 2009

El bujarrón de Toledo.

El bujarrón de Toledo era sodomita, homosexual, marica y maricón, y no me importa que las asociaciones de gays y lesbianas se escandalicen y se tiren de los pelos y me tachen de nada, mas que de aplicar el castellano como me sale de los cojones, que para eso hay libre expresión, para que cada uno se desahogue como le plazca. Como decía, el bujarrón de Toledo era, además de lo dicho, sacerdote y confesor. Podría haber sido banderillero toledano en Cádiz, pero se arriesgaba a que le hiciesen rimas malsonantes del tipo: 'Banderillero toledano, bujarrón y enano', porque lo de bujarrón no se lo quitaría nunca, ni de banderillero ni de cura; o rimas de éste otro tipo: 'Toledano, las banderillas te las metes por el ano', en el caso de no haber completado una buena faena esa tarde en la plaza, todo cabe.
El bujarra comenzó sus andaduras incluso antes de que se le pusiera dura, se le venía venir desde chico, como a un yonki que se te acerca, que sabes exactamente que te va a preguntar '¿Hey, tronko... me dejas un pavito pal metro?', pues al bujarra ya se le notaba lo que le iba a ir, más bien todo lo que le iba a llegar a entrar por detrás.
De familia pobre, la primera bicicleta que tuvo no tuvo jamás un sillín, casi parece que está dicho todo, pero faltaríamos a la verdad y éste relato sería muy soso si no añadimos que se la encontró tirada en la basura, con las ruedas pinchadas y la cadena oxidada, y que sacó para parches poniendo el culo después de las clases, y aceitó la cadena con la vaselina que le sobraba de los trabajos extra escolares, que para el 3 en 1 no había, y del sillín, ya lo mencionamos, ni se preocupó. Nunca se le sacó tanto jugo y disfrute a una bicicleta. El disfrute lo puede sacar cualquiera, los jugos sólo los que montan sin sillín. Así comenzó a disfrutar del deporte del pedaleo y se introdujo en los placeres traseros. Incrementó su gusto por el deporte y el agujero del trasero cuando le regalaron una raqueta para los Reyes Magos, cuando ya no creía en ellos. Lo que más le gustó del regalo fue el mango encintado de la raqueta, y lo que menos, el tenis.

El bujarrón de Toledo ingresó en el seminario cuando el ramalazo ya era imposible de ocultar. Sus padres, temiendo el 'qué dirán', decidieron que lo mejor para él sería la vocación sacerdotal. En esa época muchos maricones amanerados se metían a cura para que no los detuvieran por desviados, y porque vestir sotana era como llevar un vestido; y eso les encanta, digo yo, por lo menos al bujarrón de Toledo le gustaba el rollo ese.
Había leyes, no siempre escritas, que condenaban, y aún hoy lo hacen, la homosexualidad, y era verdaderamente peligroso que te cogieran con el culo al aire. Por eso no nos coge de sorpresa cuando escuchamos en las noticias que tal o cual cura, obispo o cardenal han sido pillados en actos impuros, con menores o con mayores, de igual o distinto sexo, del gremio o de la competencia, y con los pantalones bajados. Eso es 'causalidad'. Sabemos que si llenamos una habitación de escorpiones, más tarde o más temprano, acabarán picándonos, y envenenándonos.
El bujarrón era muy homosexual, pero no era gilipollas, aunque siempre se hiciera el tonto. Sabía que la sotana era el mejor escondite para que los depredadores no le descubriesen, pero también sabía que la sotana era un puesto de caza bien camuflado y oculto, desde donde poder acechar víctimas inocentes. El lobo, de pastor travestido, se paseaba entre el rebaño seleccionando lo que había que comerse. Nunca los lobos tuvieron tal abundancia, un Maná divino, llegado del cielo a fuerza de rezos y penitencias. Por eso no le costó nada al bujarrón de Toledo tomar los hábitos. De hecho allí pudo conocer a muchos otros como él, ¡Somos legión!, se dirán triunfantes unos a otros en el más absoluto anonimato, No vaya a ser que nos pillen y nos echen a la hoguera vivos, desnudos, como hacían con las brujas, como tenían que haber hecho con Torquemada, y con los Papas, que prohiben todo lo que más nos gusta...
Al bujarrón jamás le pillaron in fraganti, en pleno acto del acto 'sodomitae', es jerga clerical. De cara a la galería supo crearse una careta de inmaculada perfección, muchos feligreses veían en él un ejemplo y pensaban que altos cargos y nobles destinos aguardaban a éste bujarrón irremediable. Sin remedio se equivocarían todos, aunque ellos jamás lo sabrán.
Nadie se llega a enterar nunca de la verdad de lo que ocurre de puertas adentro. La institución de la Iglesia siempre ha sabido callar y esconder lo que no interesa a sus intereses mundanos que se sepa; intereses siempre dudosos.
Todo son conjeturas, divagaciones, falsas opiniones, como lo son todas. Todo está envuelto por un halo misterioso, hay mucho secretismo, murmullos al oído, conjuras tras conjuras hasta la culminación del astuto plan. Por eso los depravados, los retorcidos, pueden llegar lejos, tan alto en el escalafón. Están acostumbrados a mentir y a engañar, es el pan de cada día. Los escándalos no benefician a nadie. Siempre hay una forma de arreglar las cosas que beneficie a ambas partes, o a más partes si fue orgía desenfrenada, bacanales romanas, al fin y al cabo.
Amén.

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