domingo, 13 de diciembre de 2009

Sin efectos secundarios.

Ver la televisión no me hace generar opiniones como un estúpido ni consigue desviarme de la verdad. No me sume en un profundo letargo ni me resta facultades cognitivas. Tampoco me sorbe el cerebro implantando en mí la semilla de la división y la violencia, del fanatismo y el partidismo. Tampoco me genera necesidades ni complejos ni me maneja inconscientemente para que sea un comprador compulsivo de objetos innecesarios y peligrosos.
¿Sabéis por qué?, porque ya no la miro. Y eso que opino que la televisión es el motor de la personalidad y la cultura; cuando alguien a mi alrededor la enciende, inmediatamente me voy a otra habitación a leer un libro.

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