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sábado, 5 de junio de 2010

Sobre la falta de sentido crítico: el ejemplo de ZP y Bilderberg.

uno de los pocos articulos que se sale del cerco impuesto por la censura dictatorial de los medios y que nos alerta de la manipulacion informativa a la que nos someten otros periodistas para que los borregos sigan tranquilamente pastando en sus sofas y no se hagan muchas preguntas. la conciencia politica del planeta esta creciendo y esto ya es imparable.
los vampiros chupa sangre estan acabados, contra las cuerdas y a punto de soltar su ultimo estertor agonico.

fuente:  http://www.elsemanaldigital.com/
por eduardo arroyo.
Resulta sorprendente en esta época supuestamente tan racionalista la escasísima capacidad que tiene la gente de hacerse preguntas.
De hecho, hay cosas que nadie cuestiona mientras que otras son perpetuamente cuestionadas. Nunca, jamás, en ninguna otra época, estuvo tan claro lo que hay que decir y pensar para agradar al poder y para medrar en él y, de hecho, jamás hubo –y mucho menos en España- políticos tan ineptos e intelectualmente tan por debajo de los límites de lo normal. ¿Por qué? Pues porque hoy el criterio de selección para los puestos directivos del Estado ha dejado de ser el mérito o la capacidad –aunque sea mal empleada pero capacidad- y ha pasado a ser la intriga o la capacidad de adaptación sinuosa y contradictoria con los designios del que en ese momento, por encarnar mejor todas estas "cualidades", ocupa el lugar dominante en la manada.


Pero que nadie se llame a engaño: esto tan solo es una consecuencia de la devastación completa de elites dirigentes. Y es que pese a quién pese –incluso a la retórica habitual que se empeña en hacernos creer que es "el pueblo" el que decide y que, por ejemplo, va a decidir ahora la desastrosa reforma laboral que se nos viene encima- gobernar, lo que se dice gobernar, siempre han gobernado unos pocos. Esta devastación de las élites ha sido, no una devastación física como en los regímenes comunistas, sino intelectual, como ha sucedido en las democracias occidentales. En Europa y en los Estado unidos, hemos visto desde ejemplares de psiquiátrico en calidad de diputados hasta ex actrices porno, desde presidentes en lo "border line" hasta –los más peligrosos- seres grises cuya ausencia de personalidad es patente y que por ello son intrínsecamente incapaces de controlar el poder real de quienes están ansiosos de ejercerlo.

En esta tarea han jugado un papel de primera magnitud los periodistas. A fecha de hoy se hace perfectamente identificable un tipo humano titulado "periodista" que contribuye a construir eso que han dado en llamar "corrientes de opinión". Radicado en "izquierdas" y "derechas" a ultranza, habla en general de cosas poco importantes y es un sostén perfecto de todo esa tela de araña en que consiste las mil anécdotas cotidianas que los medios de comunicación vomitan todos los días para escindir el país en dos mitades irreconciliables. Ese enredo, que constituye el poder real de la partitocracia, es capaz de sumergir a todo analista bien intencionado en millones de anécdotas de uno y otro signo en cuyo seno es imposible orientarse sobre las cosas que realmente importan. Cuando menos cuenta se da uno acaba "polemizando" en esta o aquella "tertulia" acerca de si Zapatero hizo esto y debía de haber hecho lo otro; acerca de si el director general de no se que autonomía ha ampliado las obras de su casa a costa del presupuesto del ayuntamiento o si este o aquél ha declarado lo que no debía a no se cual periódico. Si uno dice "A", el otro tiene que decir lo contrario de "A". Encenagado en esa cloaca que es la política nacional, uno puede dilapidar su vida sin llegar a conclusión alguna y, lo que sí que interesa al poder, sin percatarse de esas constantes históricas que no dejan de actuar ni de minar los fundamentos ce la sociedad en que estamos. Pero lo alucinante es que quienes se mueven como pez en el agua en el absurdo alicorto del anecdotario de enanos que es la política nacional, están tan en su papel que no entienden ninguna otra cosa.

A este respecto hoy día 4 ha publicado en el diario ABC Ignacio Camacho una columna de opinión titulada Bilderberg. Confieso que el título me llamó la atención porque esperaba ver el asunto tratado de otra manera. Por lo menos un cierto sentido crítico. Muy al contrario, el artículo de Camacho aporta solo dos claves: la primera, el atractivo psicológico de las conspiraciones misteriosas dentro de las cuales el autor circunscribe la mencionada reunión del grupo Bilderberg; en segundo lugar, lo poco verosímil que resulta que allí se decida nada de interés. Para apuntar sus tesis Camacho recurre a la retórica efectista, basada más en el arabesco literario que en el dato y la información imprescindibles en cualquier análisis. Nos dice: "El último trasunto de logia neomasónica que se ha puesto de moda es el Club Bildelberg, al que los charlatanes profesionales y los arúspices del frikismo atribuyen el poder hereditario de marcar las directrices globales de la política por el simple hecho de que sus miembros son tipos ciertamente influyentes y no dejan entrar a la prensa en sus reuniones. Poco intrigante y nada secreta parece una asamblea que divulga la lista de asistentes, entre los que se encuentran personas tan apacibles como la Reina Sofía, pero la moderna patología de la conjura le ha calzado la etiqueta penumbrosa de gobierno mundial oculto, responsable de alambicadas decisiones estratégicas sobre nuestras tristes existencias anónimas. Bilderberg viene a ser la versión contemporánea de la Trilateral, supuesta cúpula del capitalismo más crudo que en los setenta concitaba incluso la atención pancartera de los sindicatos españoles. Se supone que esta gente ventila la suerte de los mercados financieros, quita y pone presidentes o alumbra liderazgos universales, de tal modo que hasta Obama sería un títere de sus maniobras, y que en Sitges se están jugando a los dados el bombardeo de Irán o el futuro del euro. Algo así como el envés del efecto mariposa, apoteosis del poder democrático de los actos insignificantes".

Camacho cree que las reuniones Bilderberg "se han puesto de moda". Naturalmente, ignora que no es la primera vez que se reúnen en España y que ya lo hicieron en 1989 en la isla de La Toja. Pero lo más asombroso es la falta de preguntas. Comparado con cualquier reunión de foro internacional del tres al cuarto o con cualquier "cumbre" –incluso Davos ha sido televisada-, a Camacho no le llama la atención que una brutal concentración de poder que comprende a varias docenas de jefes de Estado, otro tanto de directivos de las principales multinacionales del mundo y el equivalente de las principales agencias de noticias y medios de comunicación jamás haya trascendido. Se aducirá que ahora sale en prensa pero, primero, si se reúnen desde 1954 ya va siendo hora; segundo, la relevancia y continuidad que se da a la información es tan escueta en relación a la capacidad de decisión de las personas que componen las reuniones del mencionado grupo que no deja de ser sorprendente que la prensa no cubra la noticia más que con un breve y fugaz ráfaga de suposiciones periodísticas sin consecuencias. En la época en la que "el público tiene derecho a saber" hasta el último flirteo de gente ridícula cuya fama la misma prensa fabrica, esto es, cuando menos, sorprendente.

Camacho remata su faena conduciendo las cosas a su terreno, a ese terreno en el que todo bienpensante, sea lector de este o aquél periódico debe recalar. La crítica al adversario de partido. Si fuera en El País, nos endilgarían lo propio en el lenguaje más acorde con el antiamericanismo y anticapitalista primario del izquierdista pedestre que lee los dazibaos de Prisa. En ABC tiene que ser, naturalmente, la crítica a Zapatero: "Los socios de ese club tan selecto y elitista son, desde luego, tipos a vigilar, pero acaso no más que cualquier banquero. Contemplar a Zapatero rindiéndoles pleitesía es un espectáculo que avalaría la siniestra tesis de los gobernantes-marioneta; quizá sólo desde ese designio confabulado podamos justificar ante nosotros mismos la doble elección de un político tan inconsistente".

Por supuesto, a las reuniones del grupo no va "cualquier banquero", como cree Camacho, sino que van los más importantes del mundo y, por supuesto, Zapatero no es el primero que les rinde pleitesía porque antes que él fueron Felipe González y José María Aznar. Y es que indudablemente, si a un periodista español no le llama la atención que bajo un mismo techo estén, por ejemplo, los directivos de France Telecom, Coca-Cola, The Wall Street Journal, el consejero de Relaciones Públicas del Gobierno británico, la Banca Morgan, el gobernador del Banco de Francia y el primer ministro de Dinamarca, amén de varias decenas de personalidades más y no se sepa a ciencia cierta ni quienes están ni mucho menos de qué hablan, es su problema.

Pero el resultado de no saberlo ese sí que es nuestro problema porque lo que realmente no se está cuestionando es si hay o no decisiones que se toman al margen de los tan cacareadas vías de representación democrática. Lejos de describirles como entes fantasmagóricos fruto de la imaginación, los miembros del grupo Bilderberg son personas de carne y hueso que pueden ser investigados como cualquiera si, claro está, existe voluntad de hacerlo. La tesis acerca de si se trata o no de una conspiración puede o no comprobarse aduciendo datos y pruebas pero lo que no tiene sentido es descartar de antemano algo que bien puede estar sucediendo. De hecho el diccionario de la RAE define "conspirar" como "unirse contra su superior o soberano", "unirse contra un particular para hacerle daño" o "concurrir a un mismo fin". Todas estas cosas podrían estar ocurriendo en Sitges y no tendría nada de fantástico que más de medio de centenar de ultrapoderosos se reunieran para hablar, lógicamente, de poder y no para intercambiar cromos. De ser así, de estar sucediendo esa conspiración, habría ocurrido lo que muchos sospechan: que las élites dirigentes no están en la política oficial porque para ser "ministra de Igualdad" puede serlo hasta Bibiana Aído; para dirigir AOL, aunque sea con un mal fin, hay que ser algo más que una enchufada del PSOE. Esta en la lógica del poder el buscar a los iguales y, naturalmente, los que acumulan tal poder a sus espaldas, como ustedes comprenderán, no van a reunirse a debatir con Pepiño Blanco, así que no tendría nada de raro que los verdaderamente poderosos estuvieran decidiendo aquí y ahora al margen de toda la panoplia política local.

En el fondo, vivimos una época muy propicia para este tipo de "conspiraciones" por la sencilla razón de que el poder de los Estados-nación está siendo minado, primero, por la mencionada falta de élites dirigentes, luego, tanto por los foros decisorios transnacionales como por el poder de multinacionales que se ven como pez en el agua en un mundo sin fronteras. No en vano, la ideología Bilderberg, desde sus inicios, ha sido un destilado de ese capitalismo global que tan bien se complementa con la izquierda antinacional y cosmopolita que odia lo específico de los pueblos. Que el imperialismo mundial del dinero existe no es nada nuevo; es algo que se puede investigar y contrastar. Por eso artículos como los de Camacho contribuyen a que nadie se salga del redil y a que todos continuemos pensando en las cosas menos importantes.

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