Migración

Eumelvi blog se cambia a Wordpress, debido a la nueva política de privacidad de Google. Podeis seguir informandoos aquí: http://eumelvies.wordpress.com/ Perdón por las molestias. Gracias.

lunes, 30 de agosto de 2010

Conciencia y centrado.

Lo primero que debes comprender es qué significa la conciencia. Vas andando. Eres consciente de muchas cosas: de las tiendas, de la gente que pasa a tu lado, del tráfico, de todo. Eres consciente de muchas cosas, solo eres inconsciente de una cosa... y esa cosa eres tú. Vas andando por la calle, eres consciente de muchas cosas, ¡y solo no eres consciente de ti mismo! A esta conciencia de uno mismo, Gurdjieff la llama «recordarse a uno mismo». Dice Gurdjieff: «Constantemente, estés donde estés, recuérdate a ti mismo.»
Hagas lo que hagas, por dentro debes seguir haciendo una cosa continuamente: ser consciente de que tú lo estás haciendo. Si estás comiendo, sé consciente de ti mismo. Si estás andando, sé consciente de ti mismo. Si estás escuchando, si estás hablando, sé consciente de ti mismo.
Cuando estés irritado, sé consciente de que estás irritado. En el momento mismo en que aparezca la ira, sé consciente de que estás irritado. Este constante acordarse de uno mismo crea en ti una sutil energía, una energía muy sutil. Empiezas a ser un ser cristalizado.

Normalmente, no eres más que una bolsa floja. No hay cristalización,
no hay verdadero centro... solo algo líquido, solo una floja combinación de
muchas cosas sin ningún centro. Una multitud que cambia se mueve
constantemente, sin ningún jefe. La conciencia es lo que te convierte en
jefe... y cuando digo jefe no me refiero a un controlador. Cuando digo jefe
me refiero a una presencia... una presencia continua. Hagas lo que hagas, y
aunque no hagas nada, una cosa debe estar constantemente en tu
conciencia: que tú eres.
Esta simple sensación de ser uno mismo, de que uno es, crea un
centro, un centro de quietud, un centro de silencio, un centro de dominio
interior. Es una potencia interior. Y cuando digo «una potencia interior»
quiero decir eso al pie de la letra. Por eso los budas hablan del «fuego de la
conciencia». Es un fuego. Si empiezas a hacerte consciente, empiezas a
sentir en ti una nueva energía, un nuevo fuego, una nueva vida. Y gracias a
esta nueva vida, nuevo poder, nueva energía, muchas cosas que te estaban
dominando se disuelven. Ya no tienes que luchar con ellas.
Tienes que luchar con tu ira, con tu codicia, con tu sexo, porque eres
débil. En realidad, la codicia, la ira y el sexo no son los problemas; el
problema es la debilidad. En cuanto empiezas a ser más fuerte por dentro,
con una sensación de presencia interior -cuando sientes que eres-, tus
energías se van concentrando, cristalizan en un punto único y nace un yo.
Recuerda, no un ego, sino un yo. El ego es una falsa sensación del. yo. Sin
tener ningún yo, sigues creyendo que lo tienes... eso es el ego. El ego es un
falso yo... no eres un yo, pero aun así crees que eres un yo.
Malungputra, un buscador de la verdad, acudió a Buda. Buda le
preguntó:
-¿Qué andas buscando?
-Busco mi yo: Ayudame -dijo Malungputra.
Buda le pidió que prometiera hacer todo lo que se le indicara.
. Malungputra se echó a llorar y dijo:
-¿Cómo voy a prometer nada? No soy. Todavía no soy,- así que
¿cómo puedo prometer? No sé lo que voy a ser mañana. No tengo
ningún yo que pueda prometer, así que no me pidas imposibles. Lo
intentaré. Eso es lo máximo que puedo decir, que lo intentaré. Pero no
puedo decir que haré lo que tú me digas, porque ¿quién va a hacerlo? Lo
que busco es eso que puede prometer y cumplir una promesa. Todavía no
lo soy.
-Malungputra -dijo Buda-, te he pedido eso para oír esto. Si hubieras
prometido, te habría rechazado. Si hubieras dicho: «te prometo que lo
haré», yo habría sabido que no eres un auténtico buscador de la verdad,
porque un buscador debe saber que aún no es. De lo contrario, ¿qué
sentido tendría buscar? Si ya eres, no hay necesidad; ¡No eres! Y si uno
puede sentir eso, el ego se evapora.
El ego es un concepto falso de algo que no está ahí. «YO» significa
un centro que pueda prometer.
Este centro se crea estando continuamente consciente,
constantemente consciente. Sé consciente de que estás haciendo algo... de
que estás sentado, de que te vas a dormir, de que te está llegando el sueño,
de que estás cayendo. Intenta ser consciente en todo momento, y entonces
empezarás a sentir que en tu interior nace un centro. Las cosas han
empezado a cristalizar, se están centrando. Ahora todo está relacionado
con un centro.
No estamos centrados. A veces nos sentimos centrados, pero son
momentos en los que una situación nos hace conscientes. Si de pronto se
produce una situación muy peligrosa, empezarás a sentir un centro dentro
de ti, porque cuando estás en peligro te vuelves consciente. Si alguien va a
matarte, en ese momento no puedes pensar; en ese momento no puedes
seguir inconsciente, Toda tu energía está centrada, y ese momento se
vuelve sólido. No puedes moverte hacia el pasado, no puedes moverte
hacia el futuro... este momento concreto se convierte en todo. Y entonces
no solo eres consciente del asesino, sino que te haces consciente de ti
mismo, el que va a ser asesinado. En ese sutil momento empiezas a sentir
un centro en tu interior.
Por eso los deportes peligrosos tienen su atractivo. Pregúntale a
alguien que haya subido a la cima del Gourishankar, del monte Everest.
Cuando Hillary llegó allí por primera vez, debió de sentir de repente un
centro. Y cuando alguien llegó por primera vez a la luna, debió de
experimentar una repentina sensación de centro. Por eso el peligro tiene
atractivo. Vas conduciendo un coche, cada vez a más velocidad, hasta que
la velocidad se convierte en peligrosa. Entonces no puedes pensar; los
pensamientos cesan. Entonces no puedes soñar. Entonces no puedes
imaginar. Entonces el presente se vuelve sólido. En ese momento
peligroso, cuando la muerte es posible a cada instante, te haces
súbitamente consciente de un centro en tu interior. El peligro tiene
atractivo únicamente porque en algunas situaciones peligrosas te sientes
centrado.
Nietzsche dijo en alguna parte que la guerra debe continuar porque
solo en la guerra se siente a veces el yo -se siente un centro-, porque la
guerra es peligro. Y cuando la muerte se convierte en una realidad, la vida
se vuelve intensa. Cuando la muerte anda cerca, la vida se vuelve intensa y
tú estás centrado. En cualquier momento, cuando te haces consciente de ti
mismo hay un centrado; pero si es una situación lo que lo ha provoca
desaparecerá cuando cese la situación.
No debe ser algo situacional, debe ser interior. Así pues, procura
estar consciente en toda actividad normal. Inténtalo cuando estés sentado
en tu butaca: sé consciente del que está sentado. No solo de la bútaca, no
solo de la habitación, de la atmósfera que te rodea... sé consciente del que
está sentado. Cierra los ojos y siéntete; profundiza y siéntete.
Eugen Herrigel estaba aprendiendo con un maestro zen. Estuvo tres
años aprendiendo tiro con, arco, y el maestro siempre le decía: «Bien. lo
que haces está bien hecho, pero no es suficiente.» Herrigel se convirtió en
un maestro arquero. Su puntería llegó a ser perfecta al cien por cien, y el
maestro seguía diciéndole: «Lo haces bien, pero no es suficiente.»
-¡Con una puntería cien por cien perfecta! -decía Herrigel-. Pero ¿qué
esperas de mí? ¿Cómo puedo mejorar más? Con una puntería cien por cien
perfecta, ¿cómo puedes esperar más?
Se dice que el maestro zen le respondió:
-A mí no me interesa tu pericia con el arco ni tu puntería. Me
interesas tú. Te has convertido en un técnico perfecto. Pero cuando tu
flecha sale del arco no eres consciente de ti- mismo, así que no sirve de
nada. No me interesa si la flecha da en el blanco. ¡Me interesas tú! Cuando
la flecha sale disparada del arco, también por dentro debe dispararse tu
conciencia. Aunque no acertaras en el blanco, no tendría importancia, pero
donde no debes fallar es en el blanco interior, y en ese estás fallando. Te
has convertido en un técnico perfecto, pero eres un imitador.
Pero para una mente occidental o, mejor dicho, para una mente
moderna -y la mente occidental es la mente moderna-, es muy difícil
concebir esto. Parece un absurdo. En el tiro con arco lo que interesa es la
eficiencia de puntería del individuo.
Con el tiempo, Herrigel se desanimó y un día dijo:
-Lo dejo. Me parece imposible. ¡Es imposible! Cuando apuntas a un
blanco, tu conciencia va al blanco, al objeto, y si quieres ser un buen
arquero, tienes que olvidarte de ti mismo, recordar solo el objetivo, el
blanco, y olvidarte de todo. Solo debe existir el blanco.
Pero el maestro zen le forzaba continuamente a crear otro blanco en
su interior. La flecha debe ser una flecha doble: que apunte hacia el blanco
exterior y apunte continuamente al blanco interior... al yo.
Herrigel dijo:
-Me marcho. Me parece imposible. No puedo cumplir tus con-
diciones.
Y el día de su partida, Herrigel estaba sentado. Había ido a des-
pedirse del maestro, y el maestro estaba apuntando a otro blanco. Había
otro aprendiz, y por primera vez Herrigel no estaba implicado; solo había
ido a despedirse y esperaba sentado. En cuanto el maestro terminara su
lección, él se despediría y se marcharía. Por primera vez no estaba
implicado.
Pero entonces, de pronto, se hizo consciente del maestro y de la
conciencia de doble flecha del maestro. El maestro estaba apuntando.
Durante tres años, Herrigel había estado continuamente con el mismo
maestro, pero estaba más interesado en sus propios esfuerzos. No había
visto nunca a este hombre, lo que estaba haciendo. Por primera vez vio y
comprendió... y de pronto, espontáneamente, sin esfuerzo, se acercó al
maestro, le quitó el arco de las manos, apuntó al blanco y disparó la flecha.
Y el maestro dijo:
-¡Muy bien! por primera vez lo has hecho. Estoy contento. ¿Qué
había hecho? Por primera vez se había centrado en sí mismo. El blanco
estaba allí, pero también él estaba allí, presente. Así pues, hagas lo que
hagas -cualquier cosa, es necesario que tires con arco-, hagas lo que hagas,
aunque sea estar sentado, sé dos flechas. Recuerda lo que está pasando
fuera y recuerda también quién está dentro.
Una mañana, Lin-chi estaba dando una conferencia y de pronto
alguien preguntó:
-Respóndame una sola pregunta: ¿Quién soy yo?
Lin-chi bajó del estrado y se acercó al hombre. Toda la sala guardó
silencio. ¿Qué iba a hacer? Era una pregunta bien simple. Podía haberla
respondido desde el estrado. Lin-chi llegó hasta el hombre. Toda la sala
estaba en silencio. Lin-chi se quedó parado ante el hombre, mirándole a los
ojos. Era un momento muy penetrante. Todo se detuvo. El hombre empezó
a sudar. Lin-chi no hacía más que mirarle a los ojos. Y entonces, Lin-chi
dijo:
-No me preguntes. Entra y descubre quién pregunta. Cierra los ojos.
No preguntes: «¿Quién soy yo?» Ve adentro y descubre quién ha
preguntado quién es ese preguntador interior. Olvídate de mí. Encuentra la
fuente de la pregunta. ¡Penetra hasta el fondo!
Y se dice que el hombre cerró los ojos, guardó silencio y de pronto se
iluminó. Abrió los ojos, se echó a reír, tocó los pies de Lin chi y dijo:
-Me has respondido. Les he hecho esta pregunta a muchos y me han
dado muchas respuestas, pero ninguna era una auténtica respuesta. Pero tú
me has respondido.
«¿Quién soy yo?» ¿Cómo se puede responder a esa pregunta? Pero
en esta situación particular -mil personas calladas, un silencio en el que se
habría oído la caída de un alfiler-, Lin-chi bajó con ojos penetrantes y
simplemente le ordenó al hombre: «Cierra los ojos, entra y descubre quién
pregunta. No esperes que yo te responda. Descubre quién ha preguntado.» Y
el hombre cerró los ojos. ¿Qué ocurrió en esa situación? Se centró De
pronto estaba centrado, de pronto se hizo consciente del núcleo más interior.
Esto hay que descubrirlo, y hacerse consciente es el método para
descubrir este núcleo interior. Cuanto más inconsciente estés, más alejado
estás de ti mismo. Cuanto más consciente, más te acercas a ti. Si la
conciencia es total, estás en el centro. Si hay menos conciencia, estás cerca
de la periferia. Cuando estás inconsciente, estás en la periferia, donde el
centro está completamente olvidado. Así pues, estas son las dos
manerasposibles de moverse.
Puedes moverte hacia la periferia, y entonces te mueves hacia la
inconsciencia. Te sientas a ver una película, te sientas en alguna parte a
escuchar música, y te olvidas de ti mismo. Entonces estás en la periferia.
Leyendo el Bhagavad Gita o la Biblia o el Corán, te puedes olvidar de ti
mismo... entonces estás en la periferia.
Hagas lo que hagas, si puedes recordarte a ti mismo, estás más cerca
del centro. Y un buen día, de pronto, te encuentras centrado. Entonces
tienes energía. Esa energía es el fuego. Toda la vida, toda la existencia, es
energía, es fuego. Fuego es el nombre antiguo; ahora lo llaman
electricidad. El hombre le ha aplicado muchos, muchos nombres, pero
«fuego» está bien. La electricidad parece un poquito muerta; el fuego
parece más vivo.
Actúa con mucho cuidado. Es un viaje largo y dificultoso, y se
hace difícil mantenerse consciente aunque solo sea un momento; la mente
está parpadeando constantemente. Pero no es imposible. Es arduo difícil,
pero no es imposible. Es posible... es posible para todos. Solo se necesita
esfuerzo, y tiene que ser un esfuerzo sincero. No hay que hacer
excepciones; no hay que dejar sin tocar nada del interior. Todo debe ser
sacrificado a la. Conciencia solo entonces descubrirás la llama interior.
Está ahí.
Si uno se pone a buscar la unidad esencial entre todas las religiones
que han existido o puedan llegar a existir, encontrará esta única palabra:
conciencia.
Jesús cuenta una parábola. El dueño de una gran mansión se marcha
y les dice a sus sirvientes que estén en constante alerta, porque puede
volver en cualquier momento. O sea, que tienen que estar alerta
veinticuatro horas al día. El señor puede llegar en cualquier momento... ¡en
cualquier momento! No hay un momento prefijado, un día fijo, una fecha
fija. Si hubiera una fecha fija, podrías echarte a dormir; después podrías
hacer lo que quisieras, y estar alerta solo en esa fecha determinada, porque
el señor va a llegar. Pero el señor ha dicho: «Volveré en cualquier
momento. Tenéis que estar alerta día y noche para recibirme.» "
Es una parábola de la vida. No puedes aplazarlo; el señor puede
llegar en cualquier momento. Hay que estar alerta continuamente. No hay
fecha fija; no se sabe nada sobre cuándo llegará el momento. Solo se puede
hacer una cosa: estar alerta y esperar.
Adquirir conciencia es la técnica para centrarse, para alcanzar el
fuego interior. Está ahí, oculto; se puede encontrar. Y una vez que se
encuentra, solo entonces, somos capaces de entrar en el templo. No antes,
nunca antes.
Pero podemos engañamos a nosotros mismos con símbolos. Los
símbolos sirven para indicamos realidades más profundas, pero también
podemos usarlos como engaños. Podemos quemar incienso, podemos
realizar cultos con cosas exteriores, y después nos sentimos satisfechos por
haber hecho algo. Nos sentimos religiosos sin habernos vuelto religiosos
en modo alguno. Esto es lo que está ocurriendo; en eso se ha convertido el
mundo. Todo el mundo cree ser religioso solo porque está siguiendo
símbolos exteriores, sin fuego interno.
Esfuérzate por mucho que fracases. Estás empezando. Fracasarás una
y otra vez, pero hasta los fracasos te servirán de ayuda. Cuando dejas de
ser consciente, aunque haya sido un momento, sientes por primera vez lo
inconsciente que estás.
Vas andando por la calle Y no puedes dar más que unos cuantos
pasos sin volver a la inconsciencia. Una y otra vez te olvidas de ti mismo.
Te pones a leer un cartel Y te olvidas de ti mismo. Pasa alguien, lo miras y
te olvidas de ti mismo.
Tus fracasos te ayudarán. Pueden demostrarte lo inconsciente
que estás. Y con el mero hecho de hacerte consciente de que estás
inconsciente, has ganado una cierta conciencia. Si un loco se da cuenta de
que está loco, está en camino hacia la cordura.

Osho. Del libro "Conciencia".


si te ha gustado este texto  y quieres mas:
http://rapidshare.com/files/145249232/bibliogafia_de_Osho.rar.html

No hay comentarios:

Related Posts with Thumbnails