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martes, 2 de noviembre de 2010

La educación de las cinco dimensiones.

La educación hasta ahora ha estado orientada hacia una meta: lo que estás aprendiendo no tiene importancia; lo que tiene importancia es el examen que tendrás que pasar en uno o dos años. Le da más importancia al futuro que al presente. Sacrifica el presente por el futuro. Y eso se convierte en tu estilo de
vida; estás siempre sacrificando el momento por algo que no está presente. Esto crea un enorme vacío en la vida.
En la comuna de mi visión, la educación tendrá cinco dimensiones. Antes de entrar en esas cinco dimensiones, hay que tomar nota de algunas cosas. Uno: no habrá ningún tipo de exámenes como parte de la educación, sino que cada día, cada hora los profesores observarán; sus
comentarios durante el año decidirán si sigues hacia adelante o te quedas un poco más en la misma clase.
Nadie suspende, nadie aprueba -solamente algunos individuos son más rápidos y otros un poco más holgazanes-, porque la idea de fracaso crea una profunda herida de inferioridad, y la idea de tener éxito también crea otro tipo de enfermedad, la de la superioridad. Nadie es inferior y nadie es superior.
Uno es uno mismo, incomparable.
Por eso no habrá exámenes. Eso cambiará toda la perspectiva del futuro al presente. Lo que estás haciendo en este momento será decisivo, no cinco preguntas al terminar los dos años. De las miles de cosas por las que irás a través en estos dos años, todas serán decisivas: de modo que la educación no estará orientada hacia una meta.

El profesor ha tenido una enorme importancia en el pasado, porque sabía que había superado todos los exámenes, había acumulado conocimiento. Pero la situación ha cambiado y este es uno de los problemas, la situación ha cambiado pero nuestras respuestas siguen siendo las de antes. Ahora, la explosión de conocimiento es tan vasta, tan tremenda, tan rápida que no puedes escribir un gran libro sobre ningún tema científico porque para cuando tu libro esté terminado, ya estará anticuado; nuevos hechos, nuevos descubrimientos lo harán inaplicable. Por eso ahora la ciencia tiene que depender de artículos, de publicaciones, no de los libros.
El profesor se educó hace treinta años. En esos treinta años todo ha cambiado, pero él continúa repitiendo lo que le enseñaron. Está anticuado, y está haciendo anticuados a sus estudiantes. Por eso en mi visión no hay lugar para el profesor. En lugar de profesores habrá guías, y la diferencia tiene que ser entendida: el guía te dirá dónde encontrar, en la biblioteca, la última información sobre el tema.
Y la educación no debe ser a la antigua usanza, porque la televisión puede hacerlo mucho mejor, puede emitir la última información sin ningún problema. El profesor tiene que captar la atención de tus oídos; la televisión capta la atención de tus ojos directamente y el impacto es mucho mayor, porque los ojos absor- ben el 80 por 100 de las situaciones en la vida; son la parte más viva.
Si puedes ver algo no hay necesidad de que lo memorices: pero si lo escuchas, tienes que memorizarlo.
Casi el 98 por 100 de la educación puede impartirse a través del televisor, y las preguntas que los estudiantes pueden hacer pueden ser respondidas por ordenadores. El profesor debe sólo ser un guía para enseñarte el canal correcto, para enseñarte cómo usar el ordenador, cómo encontrar el último libro. Su función será totalmente diferente. No te está impartiendo conocimiento, te está haciendo consciente del conocimiento contemporáneo, del conocimiento más reciente. Él sólo es un guía.
Tras estas consideraciones, divido la educación en cinco dimensiones. La primera es la informativa: como la historia, la geografía, y muchos otros temas que pueden ser tratados con la combinación del televisor y el ordenador. La segunda parte deberían ser las ciencias. Pueden ser impartidas por la televisión y también el ordenador, pero son más complicadas y el guía humano será más necesario.
En la primera dimensión también vienen los idiomas. Todo el mundo debería saber por lo menos dos idiomas; uno, su lengua materna, y el segundo sería el inglés como vehículo internacional para la comunicación. También se pueden enseñar con más precisión a través del televisor, los acentos, la gramática; todo esto se puede enseñar más correctamente que por medio de seres humanos.
Podemos crear en el mundo una atmósfera de hermandad: el idioma conecta a la gente y también la desconecta. Actualmente no hay un idioma internacional.
El inglés es el idioma más extendido, y la gente debería abandonar sus prejuicios; deben enfrentar la realidad. Ha habido muchos esfuerzos para crear idiomas y así evitar los prejuicios; los hispanos pueden decir que su idioma debería ser el idioma internacional porque lo habla casi más gente que cualquier otro idioma... Para evitar esos prejuicios, se han creado idiomas como el esperanto. Pero ningún idioma inventado ha sido capaz de funcionar. Hay algunas cosas que crecen, que no pueden ser inventadas; un idioma crece a lo largo de miles de años. El esperanto tiene un aspecto tan artificial que todos esos esfuerzos han fracasado.
Pero es absolutamente necesario enseñar dos idiomas; primero la lengua materna, porque hay sentimientos y matices que sólo pueden ser expresados en la lengua materna.
Uno de mis profesores, un viajero que había sido profesor de filosofía en muchos países, solía decir que en un idioma extranjero puedes hacerlo todo, pero cuando llega el momento de luchar o de amar, te das cuenta de que no estás siendo auténtico y sincero con tus sentimientos. Por eso, para tus sentimientos y para tu sinceridad, tu lengua materna... que mamaste con la leche de tu madre, que forma parte de tu sangre, tus huesos, tu médula. Pero eso n es suficiente; eso crea pequeños grupos de gente y convierte en extraños a los demás.
Un idioma internacional es absolutamente necesario como base para un mundo, para una humanidad.
Por lo tanto, serían imprescindibles dos idiomas para todo el mundo. Eso estará incluido en la primera dimensión.
La segunda es la investigación sobre los temas científicos, que es tremendamente importante porque es la mitad de la realidad, la realidad externa. Y la tercera será lo que está faltando en la educa ción de hoy en día, el arte de vivir. Las personas creen que saben lo que es el amor. No lo saben..., y cuando lo llegan a
saber ya es demasiado tarde. Se debería ayudar a cada niño a transformar su rabia, su odio, sus celos, en amor.
Y una parte importante de la tercera dimensión debería ser el sentido del humor. Nuestra así llamada educación hace a la gente triste y seria. Y si un tercio de tu vida se malgasta en la universi dad en estar triste y serio, esto se convierte en algo profundamente arraigado; te olvidas del idioma de la risa, y el hombre que
se olvida del idioma de la risa ha olvidado mucho de la vida.
Por eso el amor, la risa y una familiaridad con la vida y sus ma ravillas, sus misterios..., esos pájaros cantando en los árboles no deberían pasar desapercibidos. Los árboles, las flores y las estrellas deberían tener una conexión con tu corazón. El amanecer y el anochecer no deben ser únicamente cosas exteriores, deben ser también interiores. Los cimientos de la tercera dimensión deberían ser una reverencia por la vida.
La gente es muy irreverente hacia la vida. Siguen matando animales para comer y lo llaman juego; y si el animal se los come, entonces lo llaman calamidad. Es curioso.... en un juego a ambos equipos se debería tener igualdad de oportunidades. Los animales no tienen armas, pero tú tienes ametralladoras o flechas.
Se debería enseñar a tener una gran reverencia por la vida, porque la vida es Dios y no hay otro Dios que la vida misma, la alegría, la risa y el sentido del humor; en resumen, un espíritu danzante.
La cuarta dimensión debería ser el arte y la creatividad: la pintura, la música, la artesanía, la cerámica, la mampostería, todo lo que sea creativo. Deberían ser permitidas todas las áreas de la crea tividad; los estudiantes pueden escoger. Sólo algunas cosas deberían ser obligatorias; por ejemplo, debería ser
obligatorio un ¡idioma internacional; debería ser obligatoria una cierta capacidad para ganarte tu sustento; debería ser obligatorio un determinado arte creativo. Puedes escoger a través de todo el arco iris de las
artes creativas, porque a menos que un hombre aprenda a crear, nunca se convertirá en parte de la existencia que es constantemente creativa. Siendo creativo uno se convierte en divino; la creatividad es la
única oración.
Y la quinta dimensión debería ser el arte de morir. En esta quinta dimensión estarán todas las meditaciones, de modo que puedas saber que no existe la muerte, para que puedas hacerte consciente de la vida eterna que hay en tu interior. Esto debería ser absolutamente esencial, porque todo el mundo tiene
que morir; nadie lo puede evitar. Y bajo este gran paraguas de meditación, puedes ser introducido en el zen, el tao, el yoga, el jasidismo, en todas las posibilidades que han existido pero de las que la educación no se
ha ocupado. En esta quinta dimensión también se te debe informar sobre artes marciales como el aikido, jujitsu, judo -el arte de la defensa personal sin armas-, que no son sólo defensa personal, sino también, simultáneamente, meditación.
La nueva comuna tendrá una educación completa, una educación global. Todo lo que es esencial debe ser obligatorio, y todo lo que no es esencial debe ser opcional. Uno debería poder escoger entre muchas
opciones. Y una vez que lo básico esté cubierto, entonces tienes que aprender algo que te guste: música, danza, pintura. Tienes que aprender algo para ir hacia adentro, para conocerte a ti mismo. Y todo esto se puede hacer fácilmente, sin ninguna dificultad.
Yo mismo he sido profesor y renuncié a la universidad con una nota que decía: «Esto no es educación, esto es una completa bobada; no estáis enseñando nada importante.»
Pero esta educación carente de significado prevalece en todo el mundo; da lo mismo que sea la Unión Soviética o Estados Unidos. Nadie ha buscado una educación más completa, más total. En este sentido, casi todo el mundo está sin educar; incluso los que tienen títulos importantes están sin educar en amplias áreas de la vida. Unos un poco más, otros un poco menos, pero todo el mundo está sin educar. Pero es imposible encontrar un hombre educado, porque la educación como una totalidad no existe en ningún lugar.
Normalmente, eso que llamamos educación casi siempre está en contra de la meditación. No debería de ser así, pero así es. El significado original de la palabra «educación» no está en contra de la meditación.
Educar significa que todo aquello oculto en el individuo tiene que ser sacado a la luz. El individuo tiene que florecer; ese es el significado original de educación.
Esto también es meditación: tienes que florecer en tu propio desde el exterior y te lo tomas como ser. No sabes lo que vas a ser, no sabes qué flores saldrán, cuál será una profesión, porque tienes que vivir y aprender a ganarte tu sus su color y su perfume, no lo sabes. Te adentras en lo desconocido.
Sencillamente, confías en la energía de la vida. Te ha dado nacimiento, son tus cimientos, es tu ser. Tú confías. Sabes que eres un hijo de este universo, y este universo, si te ha hecho nacer, también se ocupará de ti.
Cuando confías en ti mismo también confías en el resto del Universo. Y este Universo es hermoso. Fíjate nacen tantas flores en este Universo: ¿cómo puedes desconfiar? Hay tanta belleza por todos lados; ¿cómo puedes desconfiar? Tanta grandeza, tanta gracia, desde una mota de polvo hasta las estrellas; una
simetría tal, una armonía tal; ¿cómo puedes desconfiar? Basho ha dicho: «Si las flores han nacido de este Universo, entonces confío.» ¿De acuerdo? Eso es
bastante lógico, un gran argumento: «Si el Universo puede dar vida a tantas flores hermosas, si una rosa es posible, confío. Si es posible una flor de loto, confío en él.»
La educación es confianza en ti mismo y en la existencia, permitiendo el despliegue de todo lo que se oculta en ti; es sacar todo lo que está dentro afuera. Pero tú no le importas a nadie. A la sociedad le importan sus propias ideas, ideologías, prejuicios, tecnología; siguen obligándote. Usan tu cabeza como si
se tratara de un lugar vacío, que tienen que amueblar. Normalmente la educación, o todo lo que tienes a mano bajo el nombre de educación, no es nada más que atiborrar la mente de conocimientos, porque el conocimiento tiene alguna utilidad. No le importas a nadie, a nadie le preocupa tu destino. Necesitan más médicos, más ingenieros, más generales, más técnicos, más fontaneros, más electricistas. Los necesitan; te obligan a hacerte fontanero, o médico, o ingeniero.
No estoy diciendo que haya algo malo en ser ingeniero o médico, pero desde luego está mal si se te obliga desde el exterior. Si alguien florece en forma de médico, verás cómo a su alrededor sucede una gran curación. Será un sanador de nacimiento. Será de verdad un médico, sanará todo lo que toque. Ha nacido
para eso.
Pero cuando se te obliga desde el exterior y lo tomas como una profesión, porque tienes que vivir y aprender a ganarte tu sustento, lo asumes. Entonces uno está paralizado y aplastado por el peso. Te sigues arrastrando, y un día te mueres. En esa vida no ha habido ni un momento de celebración. Por supuesto, dejará mucho dinero para que sus hijos se conviertan en doctores cuando les toque el turno, para que vayan a la universidad, a la misma universidad que le ha destruido. Y sus hijos harán lo mismo a sus hijos, y así es como todo se transfiere de una generación a otra. No, a esto no le llamo educación. Esto es un crimen. Es
realmente un milagro que a pesar de esta educación de vez en cuando florezca un buda en el mundo. Es un milagro. Es increíble que alguien consiga escaparse: es una metodología para matarte, está arreglado de esta manera. Y los niños pequeños son atrapados en el mecanismo sin saber adónde van, sin saber qué
van a hacer con ellos. Cuando se dan cuenta, ya están totalmente corrompidos, destrozado pensar sobre qué van a hacer con su vida, ya son incapaces de ir en ninguna otra dirección.
Cuando tengas veinticinco o treinta años, se te habrá ido la mitad de tu vida. Pero cambiar parece demasiado arriesgado. Eres médico, tu consulta va bien; de repente un día te das cuenta de que no estabas destinado para esto. No es lo tuyo, ¿pero qué puedes hacer ahora? Sigues fingiendo que eres un médico. Y
si el médico no está contento de ser médico, no podrá ayudar a ningún paciente. Podría medicar al paciente, podría darle un remedio, pero no va a ser realmente una fuerza curativa. Cuando un médico es realmente un médico, médico de vocación.... y todo el mundo ha nacido para algo... Podrías no enterarte,
podrías ni siquiera saberlo. Algunas personas nacen poetas, pero no puedes crear un poeta. No hay manera de fabricar poetas. Algunas personas nacen pintores; pero tú no puedes fabricar pintores.
Pero las cosas están muy mal colocadas: el pintor está trabajando de médico, el médico está trabajando de pintor. Ahí tienes al político: podría haber sido un buen fontanero pero se ha convertido en primer ministro o en presidente. Y la persona que podría haber sido primer ministro está de fontanero.
Por eso hay tanto caos en el mundo: todo el mundo está mal colocado, nadie está exactamente donde debería estar. Una buena educación será exactamente un camino a la meditación. Una educación errónea es una barrera para la meditación, porque una educación errónea te enseña cosas que no se ajustan a ti. Y a menos que algo encaje contigo y tú encajes con ello, nunca podrás estar sano y completo. Sufrirás.
Por eso, normalmente, cuando una persona educada se interesa en la meditación tiene que desaprender todo lo que ha aprendido. Tiene que regresar a su infancia y empezar desde allí, desde el ABC. De ahí mi insistencia en algunas meditaciones en las que tú de nuevo te vuelves un niño. Cuando bailas eres más un niño que una persona adulta.
Los hombres que tienen un cierto prestigio social se quedan muy atascados porque no pueden hacer nada, no pueden arriesgar su prestigio. Tienen miedo. No son felices, no saben lo que es la di cha, no saben exactamente lo que significa estar vivo, pero son respetables. Por eso se aferran a su respetabilidad, y
después mueren. Nunca viven; mueren antes de haber empezado a vivir. Hay muchas personas que mueren antes de haber empezado a vivir.

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